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viernes, 3 de abril de 2009

INFANCIAS

Anoche se inauguró una expo que organizamos para exhibir las fotos de 6 fotógrafos acerca de la Infancia.

Vayan, vayan: Galería Hécaro, Antonio Caso #19, Primer Piso, Entre la glorieta de Colón y el monumento a la Revolución... abierto de 10:00 am a 2:00 p.m. de lunes a viernes o previa cita al 5566 1854.

Octavio Mancilla, Omar Torres, Ramiro Ruiz, Hana Matsumoto, Bonnie Cartas y Carlos Hidalgo mostraron en sus fotos los recuerdos de su infancia, objetos, juguetes, momentos, las infancias de sus hijos o simplemente pequeñas historias de niños...

Mis compañeros blogueros y yo expusimos un texto cada quien sobre la infancia. www.hanamatsumoto.blogspot.com, www.yahanabih.blogspot.com, www.multiplikhada.blogspot.com, www.rchellet.blogspot.com, www.ponderosa-obsession.blogspot.com y su servilleta.

Aquí mi texto que quiero compartir con ustedes...



Hay una foto sobre un baúl en mi recámara que tiene un marco plateado, está en blanco y negro, y en ella estamos retratados mi mamá, mi hermano y yo. Mi mamá luce hermosa con un vestido de flores, su pelo recogido con un chongo en la parte alta de la nuca, mi hermano y yo estamos trepados encima de ella como changos, abrazándola.

Este es el recuerdo que quiero conservar en mi mente para siempre. Mi mirada hacia ella le dice: “Tú lo eres todo para mi”, la suya me observa sin poder creer que yo haya salido de su cuerpo y que tenga toda una vida propia, sueños, anhelos, miedos y recuerdos.

Ella era cuidadosa y cariñosa, nos abrigaba con su afecto, nos alimentaba con su ternura, nos apoyaba con sus risas y sus palabras de aliento. Ella ya no está, pero aparece en los momentos menos esperados: cuando como fideo seco con crema y queso, cuando dejo mis calcetines tirados en la sala, cuando veo a alguien que se sienta en la mera esquina de la cama o de la silla, un poco encorvada, tal vez con un cigarro en la mano con la ceniza tan larga que quiere uno acercarle un cenicero. Ella está en todas las fotos aunque busqué el otro día y me di cuenta que no había
ninguna de nosotras dos solitas. Ella me habla al oído cuando soplo por un popote en vez de sorber y el liquido comienza a burbujear.

Mi infancia es ella.

Todos los días trato de encontrarla, de recuperarla, de no perder a la niña que alguna vez fui y que estoy segura que sigue por ahí dentro. Mi infancia son las canciones de Cri Cri que escuchaba en discos viejos de vinil, es Piosh, el perro que mi mama cargó desde Harrods hasta mi casa que tenía solo cuatro meses y ya pesaba más de 30 kilos, mi infancia es caminar hacia su cuarto por las noches, sonámbula, buscando su cabeza, tocando su rostro hasta despertarla con un sobresalto. Mi infancia es el cuarto de servicio que adaptaron mis padres para mi, azul y blanco, con su propio lavabo, sus ventanas altas, su papel tapiz con florecitas azules, mi cuarto, mío, que no tendría que compartir con nadie.

No sé cómo será una infancia sin madre, tuve la fortuna de no saberlo. Pero mi madre, aunque ahora difunta, siempre estará presente: a mis cinco, a mis quince o a mis treinta y ocho años. Y la infancia será siempre para mi, esa mirada que reconozco en aquella foto, que dice: “Tú, lo eres todo para mi.”

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