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jueves, 13 de junio de 2013

Retomando la vida

Y pues si, aunque uno haya nacido en el siglo veinte, hay algunas cosas que quedan inculcadas en lo más profundo de nuestros seres. Un chip implantado por ahí que se manifiesta a través de ese sentimiento tan inútil que llamamos culpa... Ese chip que yo tengo implantado en lo más profundo de mi ser es lo que ahora impide que disfrute mi maternidad y a la vez siga disfrutando mi trabajo, mi carrera, lo que me define o me ha definido desde hace mas de veinte años, mis hobbies, mi lectura, mie tiempo libre... Porque ser madre no me define, eso es algo que soy además de todo lo que he construido. Ese chip se llama sacrificio. 
Yo crecí creyendo que para ser una buena madre había que sacrificarse. En definitiva se hacen sacrificios, eso es ineludible: hace cuantas noches que quiero desvelarme nada más porque si, tomarme unos vinos, ir a pasar un día entero en un spa, desaparecerme en la oscuridad de una sala de cine y quedarme ahi, como en las épocas de permanencia voluntaria... se hacen sacrificios. Pero no soy una "madre sacrificada" y no se deben de hacer a costa de uno mismo, a costa de tu esencia!. Poco a poco conforme entiendo que es chip es algo implantado y que no tiene nada que ver conmigo, comienzo a recuperar mi vida. 

Porque cuando yo era pequeña el mundo no giraba al rededor de lo que "querían hacer los niños". YO crecí adaptándome a un mundo de adultos, un mundo por ende, mucho más rico, aspiracional, culto. Aprendí a apreciar la ópera porque mis padres simplemente me llevaban consigo, porque los domingos por la mañana despertaba con la Traviata a todo volumen y nadie se preguntaba si eso era "apto" si habría que entretenerme, yo me sentaba a escuchar junto a mi papá, mi papá no se adaptó a mi. 
Siento que en estos tiempos, los niños ocupan un espacio que nosotros permitimos que ocupen, en el que ellos son el centro y el mundo da vueltas a su rededor... ¿Las vacaciones? A algún lugar en el que no se aburran los niños, ¿las actividades del fin de semana? A entretenerlos... no los menospreciemos, los niños no se aburren tan fácilmente. Todo esto yo lo sabía y lo predicaba durante mi embarazo: yo no voy a dejar que mi vida cambie y gire al rededor de mi hijo, él se adaptará a mi vida. Y hoy, me veo en el espejo, poniendo mi vida de cabeza por él, sintiéndome frustrada por ello ... cuando él ni me lo pidió. 

Diego tiene un año y medio y la capacidad absoluta de apreciar y respetar el tiempo de mamá y el tiempo de Diego. Lo que falta es que mamá lo ejerza, sin culpas, plena, sabiendo que le está dando una de las lecciones más importantes de la vida: le está enseñando a disfrutar, a vivir plenamente, a amar lo que uno hace, a tener intereses y proyectos propios fuera del trabajo y de la familia, a estar en el presente, a no sacrificar su esencia por nada y mucho menos por la culpa.

Diego por ti y para ti, mi prioridad soy yo. Si yo estoy bien, tu lo estarás, te lo aseguro. 



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